Zeynep terminó de preparar el biberón con movimientos suaves y precisos. El aroma de la leche tibia llenó la cocina mientras ella comprobaba la temperatura en su muñeca, asegurándose de que estuviera perfecta para el bebé. La mañana era luminosa; los primeros rayos de sol se colaban por las cortinas, dibujando figuras en el suelo de mármol.
En ese momento, una de las empleadas cruzó el umbral de la puerta, cargando en brazos al pequeño, cuyo llanto suave se mezclaba con los sonidos cotidianos d