Zeynep caminaba a paso firme por las aceras de la ciudad, los tacones resonando con cada paso apresurado. La noche era templada, pero sentía un frío interno imposible de disipar. Mientras avanzaba, sus pensamientos giraban en torno a Azra, esa mujer que había irrumpido en su vida como un huracán, dispuesta a destruir todo lo que con tanto esfuerzo había construido.
“¿Qué está haciendo aquí?”, se preguntó mientras esquivaba a un grupo de jóvenes que reían en la esquina. El rostro de Azra, sus oj