El amanecer se filtraba tímido por las cortinas, llenando la sala con una luz suave.
Zeynep dormía recostada junto al sofá, con la cabeza apoyada en un cojín, mientras su bebé descansaba plácidamente en su cuna. Kerim, aún medio dormido, abrió los ojos lentamente.
Lo primero que vio fue aquella imagen: su esposa y su hijo dormidos juntos, tan cerca y, al mismo tiempo, tan lejos de él.
Por un momento, su corazón se ablandó.
Una sonrisa casi imperceptible se dibujó en su rostro, pero enseguida un