El avión aterrizó suavemente, y Zeynep fue la primera en levantarse. Llevaba a su hijo en brazos, protegiéndolo con ternura mientras avanzaba por el pasillo. Kerim la seguía en silencio, con la mirada fija en el suelo, intentando disimular el torbellino de emociones que lo invadía. Detrás de ellos, Emir caminaba con paso firme, observando a su hermano con preocupación.
—Ya verás, hermano —dijo Emir intentando romper el silencio—. Todo esto pasará pronto.
Kerim soltó un suspiro, sin mirarlo. —Sí