Zeynep terminó de darle el biberón a su bebé. Lo meció con paciencia, tarareando una canción suave hasta que sus ojitos se cerraron lentamente.
El silencio de la habitación se llenó de esa paz frágil que solo existe entre madre e hijo. Lo arropó con cuidado y se quedó mirándolo unos segundos más, como si quisiera grabar ese instante en su corazón.
—Duerme, mi amor —susurró con ternura—. Mamá está aquí.
Se levantó despacio, acomodó su cabello frente al espejo y se observó con una mezcla de deter