Zeynep entró en su habitación y cerró la puerta despacio, como si quisiera dejar fuera todo el ruido del mundo.
Se miró al espejo y sonrió con un aire de travesura.
—Es un día espectacular —susurró, acomodándose el cabello—. Creo que Kerim muere de celos.
Soltó una risa breve y se llevó las manos al vestido, deslizándolo lentamente por sus hombros hasta dejarlo caer sobre la cama. Frente al espejo, su reflejo parecía más firme, más seguro. Eligió un jean negro ajustado, que delineaba su figura