Capítulo 37 Él te necesita.
El amanecer entraba tímido por las cortinas del apartamento, tiñendo de tonos dorados el suelo y los muebles. El silencio era espeso, apenas interrumpido por el suave murmullo del bebé en su cuna. Zeynep, de pie frente a la ventana, sostenía una taza de café entre sus manos frías. Había llorado durante la noche, pero ahora su rostro mostraba una calma forzada, la serenidad de quien ya ha tomado una decisión.
Sus maletas esperaban junto a la puerta. Dos pequeñas, discretas, pero que parecían con