El ascensor se deslizó suavemente hacia arriba, su interior iluminado por una luz cálida que contrastaba con el murmullo lejano del vestíbulo. Kerim sostenía las maletas y, de vez en cuando, Zeynep lo observaba de reojo, incapaz de ocultar la ternura y la esperanza que bullían en su interior. Mientras abrazaba con suavidad al pequeño en sus brazos, pensó: Estos serán días muy felices para ambos, ya lo verás, mi pequeño. Kerim pasará tiempo con nosotros, y aunque aún no lo sepa, este será el ini