El silencio llenaba el apartamento. Solo se escuchaba el tic-tac insistente del reloj colgado en la pared, como si cada segundo midiera el peso de sus pensamientos. Kerim y Zeynep salieron del cuarto sin pronunciar palabra; el aire estaba cargado de algo más denso que la culpa: una mezcla de cansancio, incertidumbre y un hilo invisible de cariño que ninguno se atrevía a reconocer.
Kerim caminó hacia la cocina. Su paso era lento, medido, como si temiera romper la frágil calma que acababa de inst