La noche había caído sobre Estambul, pero el aire en la mansión Seller seguía cargado de una electricidad estática que amenazaba con descargar en cualquier momento. Emmir cruzó el umbral de la entrada principal, desabrochándose el primer botón de su camisa. Al mirar hacia la terraza, divisó la silueta solitaria de su hermano. Kerim estaba sentado frente a la oscuridad, con una copa de cristal vacía entre las manos y la mirada perdida en el horizonte de la ciudad.
Emmir se acercó con pasos lento