El silencio en la habitación de Zeynep era pesado, casi asfixiante. Se encontraba frente al espejo, contemplando un reflejo que apenas reconocía: una mujer que, a pesar de su elegancia, se sentía como un castillo de naipes a punto de desplomarse. Su mente viajaba miles de kilómetros, hacia donde se encontraba Kerim. "Amor, regresa pronto... te extraño tanto", susurró para sí misma, ignorando el vacío en su pecho que la verdad, ahora compartida con Baruk, no había logrado llenar del todo.
El son