El eco de los neumáticos de Emmir contra el asfalto aún vibraba en sus oídos cuando se detuvo frente al edificio de Emma. No era la primera vez que buscaba refugio o respuestas en ese lugar, pero hoy, el aire se sentía distinto. Subió las escaleras con una zancada mecánica, impulsado por una mezcla tóxica de decepción y una rabia que le quemaba la garganta.
Dentro del apartamento, el aroma a especias y comida casera flotaba en el ambiente. Emma, ajena al huracán que se aproximaba, se encontraba