El amanecer en Estambul trajo consigo una luz pálida y fría, una que no lograba calentar los cimientos de la mansión Seller. Tras una noche de pesadillas compartidas y susurros de lealtad, la realidad se imponía con la salida del sol. Zeynep se encontraba en la terraza, envuelta en una bata de seda que ondeaba levemente con la brisa del Bósforo. Sus ojos, enrojecidos por la falta de sueño, seguían cada movimiento de Kerim.
—Nos vemos en la cena... así que no te preocupes más, ¿quieres? —dijo Ke