La estructura de mármol de la mansión Seller, que en otro tiempo representaba seguridad y estatus para Zeynep, se sentía esta noche como una jaula de cristal a punto de estallar. Cada paso que daba por el pasillo, del brazo de Kerim, resonaba con una pesadez fúnebre. Kerim, notando el temblor casi imperceptible en la mano de su esposa, se detuvo un instante antes de encarar el último tramo de la majestuosa escalera.
—Vamos a cenar —murmuró él, su voz era un ancla en medio de la tormenta—. Todos