Zeynep caminaba lentamente por la acera, acariciando con suavidad su vientre abultado. La gente que pasaba la miraba con ternura, sin sospechar que aquella barriga era falsa. Se detenía frente a las vitrinas de las tiendas de ropa infantil, observando los pequeños conjuntos azules y blancos que colgaban de los maniquíes. Sus ojos se llenaban de brillo, mezclando ilusión y tristeza.
—Pronto… muy pronto —susurró, tocando el vientre fingido como si de verdad sintiera una vida dentro—. Todo valdrá