El aire en el restaurante se había vuelto denso, cargado de una electricidad estática que solo Zeynep y Kerim parecían percibir. Zeynep mantenía una sonrisa de porcelana, tratando de sostener una conversación trivial con Emmir sobre los negocios familiares, pero sus ojos no dejaban de vigilar los movimientos de Kerim. Notó cómo los nudillos de su esposo se tornaban blancos al apretar la copa de cristal.
De pronto, Carlos se levantó de su mesa con una parsimonia irritante. Ajustó su chaqueta, la