La noche había transformado la ciudad en un laberinto de sombras, pero dentro del apartamento de Azra, la luz artificial hería la vista. Abram cruzó el umbral con la respiración contenida y los músculos en tensión, cargando con el peso del secreto que acababa de pactar con Zeynep en la oscuridad de una calle baldía. Al entrar, se encontró de frente con el muro de hielo que siempre representaba Leyla.
Leyla lo recibió con los brazos cruzados, bloqueándole el paso hacia las habitaciones. Sus ojos