El sol de la mañana se filtraba por las pesadas cortinas de la mansión Seller, pero no traía consigo la calidez de un nuevo comienzo, sino la cruda claridad de una realidad inevitable. Zeynep abrió los ojos y buscó instintivamente el calor de Kerim a su lado, pero las sábanas estaban frías. Él ya se había marchado, seguramente a enfrentar las primeras llamadas de los abogados o a intentar borrar los rastros que la noche anterior dejó en el asfalto.
Zeynep se levantó con un peso en el pecho. Ent