Había pasado un mes desde que el huracán de secretos amenazara con derribar los muros de la mansión. Treinta días en los que el silencio se vendió como armonía. Zeynep caminaba por el jardín, disfrutando del sol de la tarde mientras observaba a Evan en su cochecito. Todo parecía marchar bajo un control absoluto. La ausencia de Azra, recluida en la clínica bajo la vigilancia de Abram, le había devuelto a Zeynep una seguridad que rayaba en la soberbia.
El sonido del motor del auto de Kerim anunci