—Ya, hija, todo está bien. Mamá está aquí —dijo Ariel, lanzando una mirada asesina a la niñera y luego a Kerim—. ¿Se puede saber qué hacen todos aquí haciendo ruido a esta hora? ¡Casi matan a mi hija del susto!
Zeynep, que ya había logrado calmar un poco a Evan meciéndolo, miró a Kerim con molestia evidente. Sus ojos decían: «¿En serio?».
—¿Qué haces aquí, Kerim? —preguntó Zeynep, exasperada.
Kerim, sintiéndose como un niño regañado pero manteniendo su dignidad, se enderezó.
—Bueno... vine a buscarte —admitió—. Te estabas demorando demasiado y me preocupé. No vi el juguete en el suelo.
Emmir suspiró, pasándose una mano por la cara. Vio que no había peligro real, solo la torpeza de su hermano.
—Está bien, fue un accidente —dijo Emmir, tratando de calmar las aguas.
Ariel, sin embargo, aprovechó la oportunidad para hacerse la víctima. Apretó a su hija contra su pecho.
—Mi niña está temblando. No podrá volver a dormir aquí con este alboroto. —Miró a Emmir—. Dormirá esta noche con nosotros