El viaje a Ankara no era solo por negocios, o al menos eso se decía Kerim a sí mismo mientras conducía su potente auto por las avenidas de la capital. La ciudad, con su arquitectura sobria y su ritmo acelerado, solía calmar sus nervios, pero hoy el aire se sentía cargado.
Kerim redujo la velocidad al acercarse a una zona comercial exclusiva. Sus ojos, entrenados para detectar anomalías, se fijaron en una silueta que caminaba por la acera opuesta, mirando distraídamente los escaparates de las ti