Selim miró a Ariel con reprobación. La madre de Kerim siempre había tenido un instinto protector hacia Zeynep.
—Hija, deja de pensar mal de Zeynep —reprendió Selim suavemente—. Ella es una buena chica. Ha traído alegría a esta casa y nos dio a Evan. No busques problemas.
Ariel soltó una risa incrédula, tomando su propia taza.
—Ay, suegra... "Una buena chica". Si así fuera, ¿por qué ocultó que conoce a Carlos?
La pregunta quedó flotando en el aire. La mano de Selim se detuvo a medio camino de ofrecerle un dulce a Baruk.
—¿Qué dices? —preguntó Selim, confundida.
Baruk, sintiendo que la situación se le iba de las manos y que su dolor de cabeza empezaba a competir con el de Zeynep, alzó las manos.
—¡Ya cállate, mujer! —estalló Baruk, mirando a Ariel—. ¡Y tomémonos este café en paz! No quiero más chismes.
Ariel se llevó la taza a los labios, ocultando una sonrisa triunfal tras el borde de porcelana. No dijo nada más. No hacía falta. El daño estaba hecho.
Selim, sin embargo, no podía dejarl