El reloj de pie en el vestíbulo marcó las siete de la tarde con campanadas graves que resonaron en toda la planta baja. La mesa del comedor ya estaba puesta con la vajilla de gala, una orden silenciosa de Baruk que nadie se atrevió a cuestionar.
La puerta principal se abrió, dejando entrar el aire fresco de la noche y a los dos herederos Seller. Kerim y Emmir entraron hombro con hombro, quitándose los abrigos con la sincronización de dos soldados que regresan del frente. Venían agotados, con la