Le quitó los zapatos con delicadeza mecánica. Mina, observando, se subió a la cama y abrazó a su madre.
—Mamá, ¿quieres comer algo? —preguntó la niña con dulzura—. El abuelo dijo que tenías que comer para ponerte fuerte.
Ariel acarició la mejilla de su hija, sintiendo una punzada de culpa por haber intentado abandonarla.
—Claro que sí, mi amor —respondió Ariel, sonriendo—. Tengo un poco de sed.
—¡Yo te traigo! —se ofreció Mina—. ¿Quieres jugo de naranja?
—Sí, por favor. Ve y pídele a Nana que t