Capítulo 132 La verdad

Le quitó los zapatos con delicadeza mecánica. Mina, observando, se subió a la cama y abrazó a su madre.

—Mamá, ¿quieres comer algo? —preguntó la niña con dulzura—. El abuelo dijo que tenías que comer para ponerte fuerte.

Ariel acarició la mejilla de su hija, sintiendo una punzada de culpa por haber intentado abandonarla.

—Claro que sí, mi amor —respondió Ariel, sonriendo—. Tengo un poco de sed.

—¡Yo te traigo! —se ofreció Mina—. ¿Quieres jugo de naranja?

—Sí, por favor. Ve y pídele a Nana que te lo dé.

—¡Ya vuelvo!

La niña saltó de la cama y salió corriendo de la habitación, sus pasos rápidos alejándose por el pasillo.

La puerta quedó abierta. Emmir se levantó, caminó hacia ella y la cerró con un movimiento lento y deliberado. El sonido del pestillo al encajar fue como el sonido de una celda cerrándose.

Emmir se quedó de espaldas a la puerta un momento. Luego, se metió las manos en los bolsillos del pantalón, arrugando la tela con fuerza, y caminó hacia el gran ventanal que daba al ja
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