La cena había terminado, pero la tensión en el aire seguía siendo tan espesa que casi se podía masticar. Zeynep, sintiendo que la atmósfera en la sala se volvía sofocante con la presencia de Ariel y la mirada posesiva de Kerim, decidió buscar una vía de escape.
Se puso de pie, alisándose la falda con un gesto nervioso.
—Voy a ver a mi hijo —anunció, su voz suave rompiendo el murmullo de la sobremesa—. Ya le toca su biberón y quiero asegurarme de que duerma tranquilo.
Baruk, que estaba disfrutan