El abogado de Salvatierra llegó al juzgado con veinte minutos de anticipación y eso, según Elena, era señal de que algo había salido mal en el lado equivocado.
Lo anotó en su teléfono sin detenerse a pensar si lo publicaría. Llevaba tres semanas anotando cosas que no publicaba, acumulando una historia que todavía no tenía final y que por eso mismo no podía soltarla: los finales incompletos eran los únicos que la mantenían despierta con razón.
Mateo la vio desde el otro extremo del corredor y no