El rugido del motor de la camioneta blindada se apagó en el garaje subterráneo de la mansión Turner. Alaric bajó del vehículo, quitándose la chaqueta táctica con movimientos fluidos, cargado con esa energía imponente que siempre le dejaba el combate. Mike lo esperaba en el búnker, con la tableta digital en mano y una taza de café negro.
—Todo salió excelente, Mike —anunció Alaric, entrando al búnker con una sonrisa gélida y triunfal—. El montaje del vídeo fue una obra de arte. Petrov se tragó e