El chirrido de los neumáticos sobre el pavimento de la mansión Petrov anunció el regreso del convoy. Damián bajó de la camioneta principal como un demonio escapado del mismísimo abismo, pateando la puerta de la entrada con una violencia que hizo temblar las paredes.
—¡¡Maldito seas, Espectro!! ¡¡Te voy a colgar de las entrañas!! —rugía Damián, destrozando de un manotazo un jarrón de porcelana fina del vestíbulo.
En el comedor principal, Coni se encontraba cenando algo ligero en absoluta soledad