Boris Petrov entró a su penthouse de lujo en la zona más exclusiva de la ciudad. El lugar, decorado con mármol negro y cristales que daban una vista impresionante a las luces de Miami, estaba en un silencio sepulcral. Se despojó de la gabardina de cuero, caminó directo a la cocina italiana y sacó una bolsa de hielo del congelador. Con un suspiro pesado, se la colocó sobre el pómulo izquierdo, que ya lucía inflamado y amoratado por el puñetazo de Damián.
Sentándose en el enorme sofá de piel, Bor