Mientras las mujeres de la casa se quedaban en la gran estancia abriendo cajas de ropa de alta costura, perfumes y zapatos, Alaric aprovechó el momento para bajar discretamente al búnker táctico de la mansión. Ahí lo esperaba Mike, quien ya se encontraba frente a las pantallas monitoreando las frecuencias encriptadas de la ciudad.
—Jefe —habló Mike en cuanto escuchó los pasos de Alaric—. El infiltrado que tenemos metido en la seguridad de los Genovese acaba de reportarse. Está confirmado: Damiá