Anastasia entró a su recámara dando un portazo y se lanzó sobre la cama, hundiéndose en las almohadas mientras soltaba un llanto amargo y desesperado. Sentía un asco terrible de sí misma, rabia por haber creído en las palabras dulces de Alaric y un miedo inmenso de haber caído en las garras de otro manipulador.
No pasaron ni cinco minutos cuando la puerta de la habitación se abrió con firmeza. Alaric entró al cuarto tras haber notado su huida repentina desde la terraza. Al verla hecha un mar de