El regreso a la mansión de Long Island fue un trayecto directo al infierno. El silencio dentro de la camioneta blindada era tan denso que resultaba asfixiante, interrumpido únicamente por la respiración agitada y errática de Damián. Tenía los dedos enredados con violencia en el cabello de Anastasia, obligándola a mantener la cabeza baja, sometida contra sus muslos. Cada bache de la carretera se sentía como un golpe directo en las costillas ya lastimadas de la joven.
Cuando los neumáticos chirri