Después de casi media hora bajo el agua tibia, Coni había logrado quitar toda la sangre seca del rostro y el cuerpo de Anastasia. Le aplicó crema en los moretones que ya empezaban a florecer en tonos púrpura y azul sobre sus costillas, pómulo y brazos. Ninguna de las dos habló mucho. Solo el sonido del agua y los sollozos ahogados de Anastasia llenaban el baño.
Ahora Anastasia yacía en la cama con ropa limpia, mirando al techo con los ojos hinchados y vacíos, mientras Coni velaba a su lado.
Aba