AURORA
El dolor punzante en el vientre me recordaba a cada segundo el esfuerzo que había hecho al bajar las escaleras deshecha en pánico. Me acomodé con cuidado en el sofá del gran salón, ahogando un leve quejido mientras me presionaba suavemente la herida de la cesárea.
El llanto de Christopher por fin había cesado. Lo tenía pegado a mi pecho, sintiendo cómo se alimentaba con avidez, ajeno a la tormenta que se desarrollaba afuera. Mi cuerpo seguía temblando por la descarga de adrenalina, pero