SEBASTEN
Fayir borró la sonrisa de su rostro al notar la energía asesina que comenzó a emanar de mí.
Mantuve los puños apretados a los costados, conteniendo a la bestia que me arañaba el pecho por salir y destrozarlo. La confesión ya estaba grabada, pero con Carl y Harola con un arma apuntándoles a la cabeza, un movimiento en falso de mi parte podía costarles la vida antes de que mi gente pudiera intervenir. Tenía que enfriar la escena, hacerlo sentir que había ganado y que tenía el control.
—E