Julienne Percy
Horas después, el sonido de la puerta del hospital abriéndose con brusquedad me despertó de un breve y perturbado sueño. Me incorporé con lentitud, el cuerpo entumecido por la posición y el alma pesada por lo vivido. La luz tenue del atardecer entraba por la ventana, tiñendo la habitación de un color ámbar melancólico.
Davian, que se mantenía de pie junto a la ventana desde hacía un rato, giró la cabeza apenas, sus ojos oscuros ya sabiendo quién era el intruso antes de que yo pud