Davian Taleyah
Una columna de humo se eleva hacia el techo, disolviéndose lentamente en el aire mientras exhalo con pesadez. El cigarro tiembla apenas entre mis dedos, sostenido con una familiaridad cansada. En la otra mano, un vaso de whisky reposa casi vacío, el ámbar del líquido reflejando el crepúsculo que se cuela por los ventanales de mi oficina.
La habitación ha sido redecorada, amueblada de nuevo con piezas elegantes y funcionales que reemplazan los destrozos de mi última crisis, pero p