El viaje había comenzado antes del amanecer, en un silencio nervioso que calaba los huesos. Auren me ayudó a preparar una pequeña mochila con lo indispensable, y me cubrió con una chaqueta grande, demasiado holgada para mi cuerpo pero ideal para ocultarme. Llevaba los labios apretados, pero sus manos temblaban cuando ajustaba la capucha sobre mi cabeza. No dijo mucho más que: "Confía en mí." Y yo lo hice, aunque no entendía del todo por qué.
Auren condujo con rapidez por senderos boscosos, evita