Me puse un traje azul oscuro, pero sin corbata. Quería marcar una diferencia con la imagen de mi abuelo y de los antiguos directivos. Al mirarme al espejo, vi la mandíbula de mi padre y los ojos de mi madre. Era una mezcla extraña. Un guerrero que prefería usar un teclado antes que un arma.
Bajé a la sala de juntas principal. El aire estaba cargado. Los pocos directivos de la "vieja escuela" que quedaban me miraban como si fuera un niño jugando con fuego. Para ellos, el secreto era poder. Para