El despertar fue una bofetada de realidad. Me llevó unos segundos recordar dónde estaba, hasta que sentí el peso muerto de un brazo rodeando mi cintura. El calor que emanaba del cuerpo detrás del mío era abrumador, una presencia sólida que reclamaba cada centímetro de mi espacio personal.Intenté moverme con lentitud, esperando no despertarlo, pero en cuanto mis músculos se tensaron, el agarre de Julián se hizo más firme. Su respiración, antes pausada, se volvió un susurro cálido contra mi nuca que me erizó la piel.—¿A dónde crees que vas, Elena? —su voz matutina, ronca y profunda, vibró contra mi espalda.—Necesito... aire. Y un baño —respondí, mi voz sonando pequeña en la inmensidad de la cama.Julián se incorporó sobre un codo, obligándome a girar. Sus ojos grises estaban alerta, sin rastro alguno de somnolencia. Me observó con una intensidad que me hizo sentir desnuda, a pesar del camisón de seda que me cubría. Su mirada bajó por mi rostro, recorrió mi cuello y se detuvo en el li
Leer más