Lila dejó a sus pequeños gemelos con las nodrizas y bajó las escaleras con el corazón latiéndole con fuerza. No soportaba un solo día más de indiferencia. Si Alfonso ya no la quería, tenía que decírselo de inmediato. El dolor en su pecho era tan grande que apenas podía respirar.
Al llegar al salón principal, Dianni la miró de arriba abajo. Nunca había estado tan cerca de Lila, y al sentirla, una especie de repulsión cruzó por su rostro. La energía de Lila era completamente diferente a la de otr