Lila cumplió su promesa. A la mañana siguiente, a pesar del cansancio que aún pesaba en su cuerpo, se dirigió al hospital de la manada. El sol apenas despuntaba cuando cruzó las puertas, pero lo que encontró la dejó helada.
Había más de una decena de personas esperando. Algunos estaban sentados en el suelo, otros apoyados contra las paredes. Lo más impactante era que muchos de ellos eran pacientes que ya habían recibido el medicamento inicial mejorado con Nébula Azul. Rostros que semanas atrás