Los días siguientes fueron rutinarios. Las reuniones entre Malcolm y Alfonso se volvieron frecuentes, siempre en el gran salón de la mansión. Aisha ya no asistía a ellas. En cambio, buscaba la forma de entablar una amistad con Lila, aunque sus intenciones eran todo menos sinceras.
Una tarde, Aisha llegó al huerto donde Lila estaba junto a Elena. Lila estaba sentada en una silla, escogiendo algunas fresas maduras. Su vientre se veía abultado, sus mejillas sonrojadas por el sol y su rostro casi a