Los días en el sótano se habían vuelto borrosos, todos iguales en su cruel monotonía. Alfonso solo había bajado a verla en dos ocasiones. La primera, apenas le preguntó cómo se sentía y si los bebés se movían con normalidad. La segunda, se quedó un poco más, pero sus palabras fueron frías, medidas, como si temiera que alguien escuchara el verdadero tono de su voz.
—Necesito que estés bien —fue lo único que dijo antes de marcharse.
Lila entendía sus razones. Sabía que como Alfa no podía mostrars