Cada paso era una prueba. Lila se sostenía con fuerza del brazo de Elena, mientras Lucas la apoyaba por el otro lado. El dolor en su vientre seguía allí, punzante y profundo, pero poco a poco fue cediendo. Sus cachorros eran fuertes. El linaje lobo que llevaban en la sangre los hacía resistentes, sanando con una rapidez que ni ella misma terminaba de comprender. Aun así, cada contracción residual le recordaba lo cerca que había estado de perderlos.
—No te detengas —susurró Elena, mirando hacia