Alfonso finalmente decidió no intervenir. Por el contrario, regresó a la tienda de víveres de la manada. Con esa imagen frente a sus ojos, acababa de surgir la necesidad de hacer algunas compras.
Las horas pasaron y con estas la noche llegó. ..
Lila estaba en la habitación poniéndose la ropa de dormir cuando, de repente, la puerta se abrió. Era Alfonso. Al verla de espaldas, con la piel aún descubierta, se giró de inmediato, visiblemente incómodo.
—Lo siento, Lila… no sabía que estabas… —alcanz