Lila no pudo evitar sentirse incómoda al ver aquel destello en los ojos de Elena. De forma instintiva, llevó ambas manos a su vientre, cubriéndolo con un gesto protector. No quería que nada, ni nadie, le hiciera daño a sus pequeños.
Pero entonces, en cuestión de un segundo, la mirada de Elena volvió a la normalidad. Caminó hacia ellos con una sonrisa suave, como si nada hubiera ocurrido.
—¡Lucas! ¡Lila! —saludó, levantando la mano con naturalidad.
El niño salió corriendo hacia ella sin dudarlo.