En el corazón del bosque Erothil, donde la luna apenas lograba filtrarse entre las copas de los árboles, los días se volvían indistinguibles. Entrenaban hasta caer. Dormían cuando colapsaban. Las heridas, físicas y emocionales, eran parte del proceso. Y aunque cada uno enfrentaba sus propios demonios, era evidente que Electra estaba comenzando a perderse dentro de sí misma.
La presión la estaba quebrando.
Había noches en las que se alejaba del templo abandonado y caminaba sola hacia el claro do