—¿Quién… eres? —su voz apenas fue un susurro.
El hombre sonrió, y esa sonrisa era un veneno dulce.
—Soy tu esposo. Soy Mikhail. —Tomó su mano con delicadeza, como si temiera romperla—. Estuviste en un accidente… pero volviste a mí. Eso es lo único que importa.
Arianna intentó recordar. El dolor en su cabeza era insoportable. Vio imágenes difusas: luces, una cena, risas… y después, nada.
—¿Mi esposo? —sus ojos se llenaron de lágrimas—. No recuerdo…
Mikhail sacó una caja de la mesa junto a la cam