Puerto de Moscú — Noche
La noche olía a gasolina y metal. El muelle brillaba bajo focos amarillos; contenedores apilados como gigantes dormidos recortaban sombras. En una oficina improvisada junto al muelle, hombres de traje discutían con voces bajas que se clavaban como cuchillos. Volkov entró como dueño del lugar: paso seguro, abrigo de piel, mirada de hielo.
A su lado, Sergei mantenía la postura de guardia. El socio—un hombre de mirada dura y cuentas en paraísos fiscales—no estaba para elogi